Los valores sí importan, ¡selecciónalos!

¿Qué son los valores organizacionales? ¿Qué tienen que ver con los valores que llevamos dentro? ¿Cómo pasan a ser efectivos? ¿Tienen alguna utilidad? o ¿Sencillamente es un “face washing” corporativo o un elemento de marketing?

Son preguntas que creo que todos nos hemos hecho alguna vez, de que sirve esto que tengo en mi sistema de evaluación del desempeño, en la puerta de la oficina de recursos humanos o personas si luego no tiene ninguna implicación en la toma de decisiones del día a día o, en su defecto, hacemos que nadie crea en ellos cuando hay que tomar una decisión organizacional basada en el rendimiento financiero.

Cuando identificamos valores en la familia, siempre lo entendemos como aquello que nos han inculcado, lo que es importante y por lo que nos sentimos diferenciados y comprometidos con el resto de miembros.

En un estudio que Gallup realizó en EE.UU sobre la rotación de personal, determinó que un 42% de los trabajadores dejaban su empleo durante el primer año, y de este el 80% se debía a razón vinculadas al “cultural fit “, es decir, que los valores de la persona no iban para nada alienados con los valores organizacionales, estén determinados de manera formal o no.

En mi opinión esto quiere decir dos cosas, la primera, que en ocasiones “vendemos posiciones a [email protected]” que no se asemejan a la realidad durante el proceso de selección y, la segunda, no seleccionamos teniendo en cuenta la alineación entre nuestro “cultura fit” ( valores) y los valores de la persona.

Seguimos basando la selección en la parte “hard” del CV y el “feeling” que tenemos en la entrevista con la persona, creo que no nos damos cuenta que los mejores equipos están formados por aquellas personas que comparten valores y propósitos, por ello, nosotros llevamos algún tiempo implantando una nueva metodología, basándonos en esto.

valores

Analizamos los valores de la organización, los que hacen que su propósito se cumpla, no tanto el ¿Qué hacemos?, sino el ¿Cómo lo hacemos? Y buscamos a personas que compartan esos valores. Por ello, intentamos mostrar todo lo que podemos a la empresa para atraer ese talento con valores. http://ethikos.es/empresas/

Hay que intentar unir a las buenas empresas con las buenas personas.

La respuesta está en vuestro interior: Cuento de Nasrudín

A raíz del post ‘No tengas miedo a la oscuridad, también publicado por Ethikos 3.0,  algunos de [email protected] me sugeristeis el profundizar sobre el tema del ‘DARSE CUENTA’ (self-awareness).

Aunque pueda parecer un concepto sencillo os puedo asegurar que, aún después de terminar la formación en Terapia Gestalt – dónde éste es uno de los factores principales – todavía hoy me cuesta el darme cuenta de lo que está pasando en mi interior ‘aquí y ahora’.

¿Os habéis sentido perdidos alguna vez? 

Yo lo estuve durante años. Y no sólo perdida, sino también enfadada y frustada por no ser capaz de tomar decisiones en mi vida. Buscaba las soluciones fuera… libros, consejos de amigos, películas, cursos de autoayuda. No servían para nada.

¿Hacia dónde andar? ¿Por qué me siento así? De hecho… ¿cómo me siento?

Un cuento – de ‘Los cuentos de Nasrudín’ – me ayudó a entender qué es lo que yo estaba haciendo:

Muy tarde por la noche Nasrudin se encontraba dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasó por allí un vecino:

– ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le preguntó.

– Sí, estoy buscando mi llave.

El vecino se quedó para ayudarle a buscar. Al rato, pasó una vecina.

-¿Qué estáis haciendo? – les preguntó.

– Estamos buscando la llave de Nasrudín.

También se quedó a ayudar, junto con otros vecinos que pasaban por allí. Después de buscar durante un largo rato un vecino preguntó:

– Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?

– No, dijo Nasrudín

– ¿dónde la perdiste, pues?

– Allí, en mi casa.

– Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?

Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.

Darse cuenta es alumbrar tu casa, es ser consciente – y sin juzgar– de lo que está pasando en tu interior.

Aunque puede parecer algo terrorífico, ya que de repente eres responsable de tu vida, realmente es algo hermoso: dejas de luchar, empiezas a aceptar y a perdonar, ya no estás ciego.

Puedes decidir ser consecuente con tus sentimientos y emociones o puedes decidir no serlo – eso dependerá del momento y situación de cada uno. En cualquier caso, eres tú el que estas decidiendo. Ya no eres un robot, ni un esclavo, ya puedes decidir, eres libre.

No hay una fórmula mágica para aprender a ‘escucharnos’

El aprender a hacerlo requiere entrenamiento: percibir y ser conscientes de lo que pasa en nuestro cuerpo, identificar pensamientos, detectar emociones y, ante todo, no juzgarnos.

¿Y si paramos de correr para empezar a andar?

Tanto en nuestra vida personal como laboral corremos. Todo es para ayer y siempre llegamos tarde. La pregunta es: ‘¿sabes tú hacia dónde corres?’

Si tu respuesta no está clara, quizás es momento de parar de correr.

La humildad pasa por aceptar que quizás estábamos siguiendo un camino equivocado. El amor pasa por perdonarnos y entendernos. La valentía pasa por conquistar nuestro miedo y dar un paso hacia delante.

Y esta vez, sabiendo y decidiendo TÚ hacia dónde quieres empezar a andar.